lunes, 11 de mayo de 2015

La biología en el envejecimiento

"El cuerpo se me arruga, es inevitable, pero no el cerebro.
Mantén tu cerebro ilusionado, activo,hazlo funcionar y nunca degenerará"
Rita Levi-Montalcini (1909-2012; neuróloga y política italiana)


No cabe duda que el envejecimiento es un proceso complejo que involucra factores de índole psicológico, social y biológico. Y en nuestro contexto, uno de los factores más abordados –quizás por presentar parte de los cambios más evidentes- es sin duda el aspecto biológico.

Pues bien, ¿Cuánto se conoce realmente de los cambios biológicos que se experimentan en dicho proceso?

Según Gonzalo (1990) (citado por Belando 2000), una de las características más resaltantes de la vejez biológica recae en una progresiva reducción en las capacidades de adaptación que tiene el individuo para enfrentarse a las demandas propias de los eventos que le exigen cierto grado de esfuerzo, como lo son – por ejemplo- las enfermedades que se puedan suscitar. Esta serie de cambios van a  afectar de manera distinta tanto a cada órgano como a cada sistema. Los sentidos –por su parte- van a sufrir una reducción en lo que a su capacidad funcional se refiere. El sistema nervioso central –por otro lado- enfrentará un deterioro, el cual se evidenciará, en la disminución de la memoria (especialmente en hechos recientes), de capacidad de formar nuevos reflejos condicionados, de resistencia para el trabajo intelectual, entre otras. A pesar de ello, se reconoce que en la etapa del envejecimiento, los adultos mayores gozan de mayor experiencia y conocimientos a comparación de los jóvenes.

De igual manera –cabe resaltar que- el envejecimiento no va a ser considerado como un estado, sino como un proceso diferencial de degradación, ya que cada individuo envejece de manera muy diversa. Así, en muchos casos, la edad cronológica no va funcionar como una variable determinante dentro de este proceso.

Así, este proceso que resulta ineludible y que presenta –con el paso del tiempo- un conjunto de cambios morfológicos y fisiológicos, afectarán de manera heterogénea a todos los tejidos, sistemas e individuos. En efecto, uno de aquellos cambios característicos producto del envejecimiento destacan los que se suscitan en la vasculatura, produciendo un engrosamiento de la pared arterial y disminuyendo el flujo plasmático renal. Además, también se observa, pérdidas en las capacidades sensoriales, como las auditivas y visuales, conllevando a un decremento general en el desenvolvimiento de las actividades intelectuales de las personas mayores. (Salech, F., Jara, R., & Michea, L., 2012; Muñoz, 2002).

En este sentido, siendo importante el reconocimiento de los cambios intrínsecos del organismo del adulto mayor en su tránsito por este proceso, procederé a mencionar los más resaltantes. Por ejemplo: en el aparato cardiovascular, el corazón –en su calidad de músculo- se va a ver afectado progresivamente en su fuerza contráctil, generando una limitación en su capacidad para adaptarse y que podría expresarse en una insuficiencia cardía.  En el aparato respiratorio, se presenta una disminución en su capacidad vital y una reducción en la eficiencia respiratoria; los bronquios van a presentar mayor rigidez perdiendo así sus propiedades de defensa. Dentro del aparato digestivo, la boca presentará múltiples modificaciones, como la aparición de caries, pérdida progresiva de dientes y el deterioro de las encías; de igual manera, la apreciación de los sabores disminuirán a causa de la perdida de las papilas gustativas que se observa en la lengua. Todo esto traerá como consecuencia una digestión más lenta y dificultosa, con una menor absorción de los elementos nutrientes. Otro aparato que se verá afectado es el genitourinario, ya que el volumen del riñón se reducirá, lo cual generará un funcionamiento menos eficaz conllevando a una mayor incidencia de infecciones en el tracto urinario. En cuanto al aparato locomotor, la pérdida de masa muscular, ósea y elasticidad en las articulaciones a causa de la edad, conducirá a una pérdida progresiva en la fuerza muscular, limitando la facilidad de movimiento de la persona.  (Salech, Jara y Michea, 2011)


A este punto, el lector –desde una perspectiva psicológica- podría cuestionar la relevancia de los datos expuestos a lo largo del presente artículo, aduciendo que la información netamente biológica de cada cambio que se produce en los distintos aparatos no contribuyen de manera trascendente en la formación profesional del psicólogo. Ante ello, cabe resaltar, que Muñoz (2002) señala que la comprensión respecto a los cambios biológicos vinculados al envejecimiento y que afectan a las estructuras de los diferentes sistemas del ser humano, favorecerán y servirán de ayuda para lograr tener una mejor interpretación de las variaciones cognitivas y del comportamiento que se perciben en el envejecimiento. 




Referencias:

Belando, M., (2000), Cambios físicos y funcionales en el proceso de envejecimiento. ¿Es posible una calidad de vida en la vejez a través de programas socioeducativos?, Cuestiones pedagógicas, 15, 119-137. Consultado en http://hdl.handle.net/11441/22096

Muñoz, J., (2002), Psicología del envejecimiento, Madrid: Ediciones Pirámide.

Salech, F., Jara, R., y Michea, L., (2012), Cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, Revista Médica y Clinica Condes, 23 (1), 19-29, consultado en http://www.clc.cl/Dev_CLC/media/Imagenes/PDF%20revista%20m%C3%A9dica/2012/1%20enero/Cambios-fisiologicos-5.pdf